LA INMACULADA

LA UNIDAD EDUCATIVA LA INMACULADA ES UNA INTITUCIÓN QUE SE FUNDÓ EN 1923,TIENE 350 ESTUDIANTES Y LA ES RECTORA:LIC SOR MARCIA SABANDO DÍAZ,SEMBRAMOS FE PARA COSECHAR ESPERANZA.

sábado, 7 de agosto de 2010

LA ENTRADA DE 9VO A

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LA INMACULADA

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LA INMACULADA

El dogma de la Inmaculada Concepción es un artículo de fe del catolicismo que sostiene la creencia en que María, madre de Jesús, a diferencia de todos los demás seres humanos, no fue alcanzada por el pecado original sino que, desde el primer instante de su concepción, es decir, de su ser personal, estuvo libre de todo pecado. No debe confundirse esta doctrina con la de la maternidad virginal de María, que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón y que María permaneció virgen antes, durante y después del embarazo.

Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada Concepción, la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Jesús de Nazaret y sostiene que Dios preservó a María libre de todo pecado y, aún más, libre de toda mancha o efecto del pecado original, que había de transmitirse a todos los hombres por ser descendientes de Adán y Eva, en atención a que iba a ser la madre de Jesús, que es también Dios. La doctrina reafirma con la expresión "llena eres de gracia" (Gratia Plena) contenida en el Saludo del Ángel (Lc. 1,28) y en la oración del Ave María este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios.

¿Cuándo fue La Inmaculada establecida como la patrona de los Estados Unidos de Norte América?

La devoción mariana tuvo gran influencia en los católicos de Estados Unidos. Los Jesuitas franceses fueron misioneros y exploradores en el territorio de Lousiana que se extendía hacia el norte por el río Mississippi hasta Canadá. Ellos honraban a la Madre de Dios con el título de la Inmaculada. Jacques Marquette, S.J., le llamó al río Mississippi el “Río de la Inmaculada Concepción” en el año 1673.

El obispo John Carroll tuvo una gran influencia para que la devoción mariana se propagara en Estados Unidos. Ordenado sacerdote en 1769, era un hombre que llevaba en su corazón una gran espiritualidad mariana. Fue elegido primer obispo de Baltimore y la sede fue formalmente establecida el 6 de noviembre de 1789. El día elegido por él para su consagración episcopal fue el día de la fiesta de La Asunción (15 de agosto de 1790), título bajo el cual la escogió como patrona de su diócesis, que en aquel tiempo incluía a todo los Estados Unidos. La catedral que el obispo Carroll comenzó, donde más tarde tuvieron lugar los muchos concilios plenarios y provinciales de Baltimore, está dedicada a La Asunción de Nuestra Señora.

Vida y milagros de el Beato Juan Martín Moyë

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El fundador de las Hermanas de la Providencia, Jean-Martin Moye (pronunciado 'Moi'), nació en Cutting, Francia, el 27 de enero de 1730, en una de esas buenas fincas del entonces ducado de Lorena, en la comarca de las salinas y las lagunas. Los establos eran amplios, las cosechas diversas y las bodegas de vino bien surtidas. Sus raíces familiares se hunden profundamente en ese territorio. De larga data, sus ancestros están implantados en Lorena.

Sus padres le hacían trabajar en el campo pero también lo hicieron estudiar. Sus profesores sucesivos previeron para él una carrera brillante. En sus estudios se destacó por los conocimientos en idiomas antiguos, en lógica y en historia de la Iglesia.

"Pero la vida real no me tentaba mucho. Fui ordenado sacerdote a los 24 años para ser sacerdote de Jesucristo y nada más. Felizmente no estaba solo. Con otros sacerdotes jóvenes formamos un pequeño grupo. ¿Cuál era nuestra fuerza? Contar más con el dinamismo del espíritu, la oración y la exigencia personal, que con las opiniones del clero mundano."

Juan Martín va y viene por las calles y las callejuelas de sus parroquias sucesivas. Para ver y escuchar, para sentir la sonrisa de un recién nacido que le llevan a bautizar, el amor de una pareja de ancianos, la pobreza oculta de los tugurios. Y la injusticia: conoce jóvenes apenas en la pubertad que por algunos robos menores terminaron en la horca. Conoce también la angustia de las prostitutas de Metz, ciudad que ha sido siempre un bastión de tropas militares. Y comprende que la piedad popular, manifestada en las procesiones, es impotente para detener esos males. Se necesita algo más. Otra cosa muy distinta: Instruir.

Los colegios existen, pero para los burgueses, para los habitantes de la ciudad, para los hombres jóvenes. A las niñas, incluso a las niñas ricas, no se les enseña sino la piedad y cómo ser buenas amas de casa. ¿Y la lectura y la escritura? A veces, si queda un poco de tiempo.

Sin embargo, mucho antes que Freud, Juan Martín está convencido de que todo se hace desde la infancia. Entonces el joven y brillante intelectual formula un proyecto loco: abrir miniescuelas para las niñas en los lugares más pobres y más apartados de Lorena.

"Se necesitaba poder contar con jóvenes libres y dispuestas a todo; a codearse con la miseria y con la incomprensión. Proyecto insensato el mío, ciertamente. Pero como este pensamiento seguía invadiéndome, podía creer que venía de Dios."

Un día, Marguerite Lecomte llega donde él para confesarse. Él no la ha visto antes. Le hace algunas preguntas, y se da cuenta, sorprendido, de que sabe leer y enseña a unas compañeras de trabajo.

Poco después, Margarita entrará de lleno en el proyecto de Juan Martín e irá a vivir a Vigy-Béfey. Más adelante será seguida por muchas otras 'mujeres apóstoles' que también irán a instruir a las niñitas de los caseríos abandonados.

Y nace así la Congregación de Hermanas de la Providencia.

Pero esas 'mujeres apóstoles' molestan

En la Lorena de 1762, Moye respondió a una urgencia sociológica. Aportó un remedio eficaz, por medios desconcertantes, a una carencia social de entonces: la ignorancia crasa en la cual se encontraban las niñitas campesinas. Moye es por lo tanto testigo de muchas miserias.

La oposición a Moye crece en el clero y en la alta sociedad de Metz. Y el obispo prohibe abrir nuevas escuelas en los pueblos. Juan Martín entra en una especie de agonía. Su razón y su corazón vacilan.

"Y sin embargo yo quería confiar totalmente en Dios. En el corazón mismo de esta absurda situación, mi amigo el padre Jobal llamó mi atención sobre un detalle. Como se me permitía mantener las escuelas existentes, estas serían cimientos para muchas otras. Vi en esto lo que me gusta llamar 'un signo de la Providencia'. Pudo ser un hecho microscópico, pero resucitó mi esperanza y me llevó a dar un sentido nuevo al acontecimiento."

Algún tiempo después el obispo levanta la prohibición y estimula el desarrollo de las miniescuelas.

Pero a Moye le gusta sembrar. Prefiere dejar la mies a otros. Las misiones extranjeras lo atraen, China sobre todo.

Septiembre de 1772: Juan Martín desembarca en Macao

A China llega un Juan Martín totalmente transformado en 'comerciante': de cabello largo y barba como los chinos. Y con un apellido que también suena a chino: 'Moi'. Pero el país está prohibido a los misioneros. Va a tener que actuar con astucia. Arrastrarse en los campos de maíz para esconderse. Atravesar a pie altas montañas y a nado varios ríos.

Durante 10 años Moye vivirá lo que no dejó de repetir a las Hermanas: asumir los riesgos que exija una buena obra con confianza en la Providencia. Entre benevolencia y traición estará a merced de la gente. Hasta en su deseo, Juan Martín se entrega a Dios. "No me prometí convertir primero muchas almas sino hacer y sufrir en China lo que Dios quisiera."

Juan Martín es un infatigable caminante y su parroquia es tan extensa como Francia y España juntas. En el camino los chinos lo detienen y lo golpean. "A veces tenía tanto miedo que no sentía el dolor." Entre dos vigías celebra la misa, instruye, exhorta. Observa también, escucha, aprende costumbres, nociones jurídicas cuya sabiduría reconoce. En el contacto con la gente perfecciona rápidamente su chino, hasta el punto de escribir bellos textos de oración en este idioma.

Moye desarrolla varias intuiciones que tuvo en Europa. En primer lugar, en esa época en la que las mujeres no tienen casi derecho a la palabra y ciertamente no en las asambleas, él quiere apoyar su trabajo en jóvenes chinas. Excelentes catequistas, son también voluntarias en casos de hambrunas y pestes. Y bautizan a millares de moribundos, y a muchos niños. Como siempre, allí donde otros no ven sino debilidades, Juan Martín ve en los niños el germen de una gran fuerza. Lucha para que se les reconozca el derecho al bautismo, al dinamismo del Espíritu.

En otras partes lucha contra prácticas usureras fuertemente implantadas en China y que impiden a los pobres salir del círculo infernal de las deudas. En un pequeño seminario en la montaña consagra tiempo a la formación del clero local.

En 1783, después de 10 años de trabajo, agotado por varias enfermedades, Moye vuelve a embarcarse para Francia. Allá, durante 10 años más va a recorrer de nuevo las escuelas de las Hermanas, tentadas a veces por la vida fácil.

Tréveris, Alemania, en la primavera de 1793, rebosa de gente que huye de la Revolución Francesa. La ciudad huele a tifo. Juan Martín, que no ha dejado de prodigar cuidados a los enfermos, contrae el implacable mal. En la cama de una humilde buhardilla espera la muerte. Quiere mirarla de frente. Bendice a algunas Hermanas: "Crezcan y multiplíquense si tal es la voluntad de Dios."

El 4 de mayo vive su muerte como vivió su vida: entregándose sencillamente en las manos de Dios.
JUAN MARTIN MOYE.

Vida y milagros de el Beato Juan Martín Moyë

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El fundador de las Hermanas de la Providencia, Jean-Martin Moye (pronunciado 'Moi'), nació en Cutting, Francia, el 27 de enero de 1730, en una de esas buenas fincas del entonces ducado de Lorena, en la comarca de las salinas y las lagunas. Los establos eran amplios, las cosechas diversas y las bodegas de vino bien surtidas. Sus raíces familiares se hunden profundamente en ese territorio. De larga data, sus ancestros están implantados en Lorena.

Sus padres le hacían trabajar en el campo pero también lo hicieron estudiar. Sus profesores sucesivos previeron para él una carrera brillante. En sus estudios se destacó por los conocimientos en idiomas antiguos, en lógica y en historia de la Iglesia.

"Pero la vida real no me tentaba mucho. Fui ordenado sacerdote a los 24 años para ser sacerdote de Jesucristo y nada más. Felizmente no estaba solo. Con otros sacerdotes jóvenes formamos un pequeño grupo. ¿Cuál era nuestra fuerza? Contar más con el dinamismo del espíritu, la oración y la exigencia personal, que con las opiniones del clero mundano."

Juan Martín va y viene por las calles y las callejuelas de sus parroquias sucesivas. Para ver y escuchar, para sentir la sonrisa de un recién nacido que le llevan a bautizar, el amor de una pareja de ancianos, la pobreza oculta de los tugurios. Y la injusticia: conoce jóvenes apenas en la pubertad que por algunos robos menores terminaron en la horca. Conoce también la angustia de las prostitutas de Metz, ciudad que ha sido siempre un bastión de tropas militares. Y comprende que la piedad popular, manifestada en las procesiones, es impotente para detener esos males. Se necesita algo más. Otra cosa muy distinta: Instruir.

Los colegios existen, pero para los burgueses, para los habitantes de la ciudad, para los hombres jóvenes. A las niñas, incluso a las niñas ricas, no se les enseña sino la piedad y cómo ser buenas amas de casa. ¿Y la lectura y la escritura? A veces, si queda un poco de tiempo.

Sin embargo, mucho antes que Freud, Juan Martín está convencido de que todo se hace desde la infancia. Entonces el joven y brillante intelectual formula un proyecto loco: abrir miniescuelas para las niñas en los lugares más pobres y más apartados de Lorena.

"Se necesitaba poder contar con jóvenes libres y dispuestas a todo; a codearse con la miseria y con la incomprensión. Proyecto insensato el mío, ciertamente. Pero como este pensamiento seguía invadiéndome, podía creer que venía de Dios."

Un día, Marguerite Lecomte llega donde él para confesarse. Él no la ha visto antes. Le hace algunas preguntas, y se da cuenta, sorprendido, de que sabe leer y enseña a unas compañeras de trabajo.

Poco después, Margarita entrará de lleno en el proyecto de Juan Martín e irá a vivir a Vigy-Béfey. Más adelante será seguida por muchas otras 'mujeres apóstoles' que también irán a instruir a las niñitas de los caseríos abandonados.

Y nace así la Congregación de Hermanas de la Providencia.

Pero esas 'mujeres apóstoles' molestan

En la Lorena de 1762, Moye respondió a una urgencia sociológica. Aportó un remedio eficaz, por medios desconcertantes, a una carencia social de entonces: la ignorancia crasa en la cual se encontraban las niñitas campesinas. Moye es por lo tanto testigo de muchas miserias.

La oposición a Moye crece en el clero y en la alta sociedad de Metz. Y el obispo prohibe abrir nuevas escuelas en los pueblos. Juan Martín entra en una especie de agonía. Su razón y su corazón vacilan.

"Y sin embargo yo quería confiar totalmente en Dios. En el corazón mismo de esta absurda situación, mi amigo el padre Jobal llamó mi atención sobre un detalle. Como se me permitía mantener las escuelas existentes, estas serían cimientos para muchas otras. Vi en esto lo que me gusta llamar 'un signo de la Providencia'. Pudo ser un hecho microscópico, pero resucitó mi esperanza y me llevó a dar un sentido nuevo al acontecimiento."

Algún tiempo después el obispo levanta la prohibición y estimula el desarrollo de las miniescuelas.

Pero a Moye le gusta sembrar. Prefiere dejar la mies a otros. Las misiones extranjeras lo atraen, China sobre todo.

Septiembre de 1772: Juan Martín desembarca en Macao

A China llega un Juan Martín totalmente transformado en 'comerciante': de cabello largo y barba como los chinos. Y con un apellido que también suena a chino: 'Moi'. Pero el país está prohibido a los misioneros. Va a tener que actuar con astucia. Arrastrarse en los campos de maíz para esconderse. Atravesar a pie altas montañas y a nado varios ríos.

Durante 10 años Moye vivirá lo que no dejó de repetir a las Hermanas: asumir los riesgos que exija una buena obra con confianza en la Providencia. Entre benevolencia y traición estará a merced de la gente. Hasta en su deseo, Juan Martín se entrega a Dios. "No me prometí convertir primero muchas almas sino hacer y sufrir en China lo que Dios quisiera."

Juan Martín es un infatigable caminante y su parroquia es tan extensa como Francia y España juntas. En el camino los chinos lo detienen y lo golpean. "A veces tenía tanto miedo que no sentía el dolor." Entre dos vigías celebra la misa, instruye, exhorta. Observa también, escucha, aprende costumbres, nociones jurídicas cuya sabiduría reconoce. En el contacto con la gente perfecciona rápidamente su chino, hasta el punto de escribir bellos textos de oración en este idioma.

Moye desarrolla varias intuiciones que tuvo en Europa. En primer lugar, en esa época en la que las mujeres no tienen casi derecho a la palabra y ciertamente no en las asambleas, él quiere apoyar su trabajo en jóvenes chinas. Excelentes catequistas, son también voluntarias en casos de hambrunas y pestes. Y bautizan a millares de moribundos, y a muchos niños. Como siempre, allí donde otros no ven sino debilidades, Juan Martín ve en los niños el germen de una gran fuerza. Lucha para que se les reconozca el derecho al bautismo, al dinamismo del Espíritu.

En otras partes lucha contra prácticas usureras fuertemente implantadas en China y que impiden a los pobres salir del círculo infernal de las deudas. En un pequeño seminario en la montaña consagra tiempo a la formación del clero local.

En 1783, después de 10 años de trabajo, agotado por varias enfermedades, Moye vuelve a embarcarse para Francia. Allá, durante 10 años más va a recorrer de nuevo las escuelas de las Hermanas, tentadas a veces por la vida fácil.

Tréveris, Alemania, en la primavera de 1793, rebosa de gente que huye de la Revolución Francesa. La ciudad huele a tifo. Juan Martín, que no ha dejado de prodigar cuidados a los enfermos, contrae el implacable mal. En la cama de una humilde buhardilla espera la muerte. Quiere mirarla de frente. Bendice a algunas Hermanas: "Crezcan y multiplíquense si tal es la voluntad de Dios."

El 4 de mayo vive su muerte como vivió su vida: entregándose sencillamente en las manos de Dios.
En Tréveris, en Alemania, beato Juan Martín Moyë, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, que en la localidad de Lorena, en Francia, fundó el Instituto de Hermanas de la Providencia, y en China reunió en régimen de vida común a unas vírgenes dedicadas a la enseñanza. Se mostró siempre inflamado por el celo de las almas, aún después de verse obligado a abando.
ID Santopedia:
6395
Nombre:
Juan
Género:
Masculino
Fiesta:
4 de Mayo
Nacimiento:
1730. Cutting, Francia
Muerte:
1793. Tréveris, Alemania
Proceso:

Fue beatificado el 1954 por Pío XII
HERMANAS de la PROVIDENCIA
Juan Martín Moye

Nada es más importante que la educación de la infancia y de la juventud. De la educación depende toda la vida.

- Juan Martín Moye

El fundador de las Hermanas de la Providencia, Jean-Martin Moye (pronunciado 'Moi'), nació en Cutting, Francia, el 27 de enero de 1730, en una de esas buenas fincas del entonces ducado de Lorena, en la comarca de las salinas y las lagunas. Los establos eran amplios, las cosechas diversas y las bodegas de vino bien surtidas. Sus raíces familiares se hunden profundamente en ese territorio. De larga data, sus ancestros están implantados en Lorena.

Sus padres le hacían trabajar en el campo pero también lo hicieron estudiar. Sus profesores sucesivos previeron para él una carrera brillante. En sus estudios se destacó por los conocimientos en idiomas antiguos, en lógica y en historia de la Iglesia.

"Pero la vida real no me tentaba mucho. Fui ordenado sacerdote a los 24 años para ser sacerdote de Jesucristo y nada más. Felizmente no estaba solo. Con otros sacerdotes jóvenes formamos un pequeño grupo. ¿Cuál era nuestra fuerza? Contar más con el dinamismo del espíritu, la oración y la exigencia personal, que con las opiniones del clero mundano."

Juan Martín va y viene por las calles y las callejuelas de sus parroquias sucesivas. Para ver y escuchar, para sentir la sonrisa de un recién nacido que le llevan a bautizar, el amor de una pareja de ancianos, la pobreza oculta de los tugurios. Y la injusticia: conoce jóvenes apenas en la pubertad que por algunos robos menores terminaron en la horca. Conoce también la angustia de las prostitutas de Metz, ciudad que ha sido siempre un bastión de tropas militares. Y comprende que la piedad popular, manifestada en las procesiones, es impotente para detener esos males. Se necesita algo más. Otra cosa muy distinta: Instruir.

Los colegios existen, pero para los burgueses, para los habitantes de la ciudad, para los hombres jóvenes. A las niñas, incluso a las niñas ricas, no se les enseña sino la piedad y cómo ser buenas amas de casa. ¿Y la lectura y la escritura? A veces, si queda un poco de tiempo.

Sin embargo, mucho antes que Freud, Juan Martín está convencido de que todo se hace desde la infancia. Entonces el joven y brillante intelectual formula un proyecto loco: abrir miniescuelas para las niñas en los lugares más pobres y más apartados de Lorena.

"Se necesitaba poder contar con jóvenes libres y dispuestas a todo; a codearse con la miseria y con la incomprensión. Proyecto insensato el mío, ciertamente. Pero como este pensamiento seguía invadiéndome, podía creer que venía de Dios."

Un día, Marguerite Lecomte llega donde él para confesarse. Él no la ha visto antes. Le hace algunas preguntas, y se da cuenta, sorprendido, de que sabe leer y enseña a unas compañeras de trabajo.

Poco después, Margarita entrará de lleno en el proyecto de Juan Martín e irá a vivir a Vigy-Béfey. Más adelante será seguida por muchas otras 'mujeres apóstoles' que también irán a instruir a las niñitas de los caseríos abandonados.

Y nace así la Congregación de Hermanas de la Providencia.


Pero esas 'mujeres apóstoles' molestan

En la Lorena de 1762, Moye respondió a una urgencia sociológica. Aportó un remedio eficaz, por medios desconcertantes, a una carencia social de entonces: la ignorancia crasa en la cual se encontraban las niñitas campesinas. Moye es por lo tanto testigo de muchas miserias.

La oposición a Moye crece en el clero y en la alta sociedad de Metz. Y el obispo prohibe abrir nuevas escuelas en los pueblos. Juan Martín entra en una especie de agonía. Su razón y su corazón vacilan.

"Y sin embargo yo quería confiar totalmente en Dios. En el corazón mismo de esta absurda situación, mi amigo el padre Jobal llamó mi atención sobre un detalle. Como se me permitía mantener las escuelas existentes, estas serían cimientos para muchas otras. Vi en esto lo que me gusta llamar 'un signo de la Providencia'. Pudo ser un hecho microscópico, pero resucitó mi esperanza y me llevó a dar un sentido nuevo al acontecimiento."

Algún tiempo después el obispo levanta la prohibición y estimula el desarrollo de las miniescuelas.

Pero a Moye le gusta sembrar. Prefiere dejar la mies a otros. Las misiones extranjeras lo atraen, China sobre todo.

Septiembre de 1772: Juan Martín desembarca en Macao

A China llega un Juan Martín totalmente transformado en 'comerciante': de cabello largo y barba como los chinos. Y con un apellido que también suena a chino: 'Moi'. Pero el país está prohibido a los misioneros. Va a tener que actuar con astucia. Arrastrarse en los campos de maíz para esconderse. Atravesar a pie altas montañas y a nado varios ríos.

Durante 10 años Moye vivirá lo que no dejó de repetir a las Hermanas: asumir los riesgos que exija una buena obra con confianza en la Providencia. Entre benevolencia y traición estará a merced de la gente. Hasta en su deseo, Juan Martín se entrega a Dios. "No me prometí convertir primero muchas almas sino hacer y sufrir en China lo que Dios quisiera."

Juan Martín es un infatigable caminante y su parroquia es tan extensa como Francia y España juntas. En el camino los chinos lo detienen y lo golpean. "A veces tenía tanto miedo que no sentía el dolor." Entre dos vigías celebra la misa, instruye, exhorta. Observa también, escucha, aprende costumbres, nociones jurídicas cuya sabiduría reconoce. En el contacto con la gente perfecciona rápidamente su chino, hasta el punto de escribir bellos textos de oración en este idioma.

Moye desarrolla varias intuiciones que tuvo en Europa. En primer lugar, en esa época en la que las mujeres no tienen casi derecho a la palabra y ciertamente no en las asambleas, él quiere apoyar su trabajo en jóvenes chinas. Excelentes catequistas, son también voluntarias en casos de hambrunas y pestes. Y bautizan a millares de moribundos, y a muchos niños. Como siempre, allí donde otros no ven sino debilidades, Juan Martín ve en los niños el germen de una gran fuerza. Lucha para que se les reconozca el derecho al bautismo, al dinamismo del Espíritu.

En otras partes lucha contra prácticas usureras fuertemente implantadas en China y que impiden a los pobres salir del círculo infernal de las deudas. En un pequeño seminario en la montaña consagra tiempo a la formación del clero local.

En 1783, después de 10 años de trabajo, agotado por varias enfermedades, Moye vuelve a embarcarse para Francia. Allá, durante 10 años más va a recorrer de nuevo las escuelas de las Hermanas, tentadas a veces por la vida fácil.

Tréveris, Alemania, en la primavera de 1793, rebosa de gente que huye de la Revolución Francesa. La ciudad huele a tifo. Juan Martín, que no ha dejado de prodigar cuidados a los enfermos, contrae el implacable mal. En la cama de una humilde buhardilla espera la muerte. Quiere mirarla de frente. Bendice a algunas Hermanas: "Crezcan y multiplíquense si tal es la voluntad de Dios."

El 4 de mayo vive su muerte como vivió su vida: entregándose sencillamente en las manos de Dios.

Semblanzas

"Tenía todo lo que era necesario para poner las cosas a su favor: mucho espíritu, buen tamaño, porte y figura que presentían la grandeza. A todo eso se agregaba un natural lleno de gracia proveniente de su buen corazón."

"En realidad, no tenía otros emolumentos que su mesa de cura y la comunicación de su excelente biblioteca, de la cual supo hacer un uso no menos excelente."

"Enemigo del falso brillo, desgraciadamente introducido en nuestros días en la cátedra evangélica, la solidez, el orden, la precisión, y sobre todo las felices aplicaciones de los libros sagrados, tenían lugar en sus predicaciones, desprovistas de todos esos adornos frívolos que agradan un momento al espíritu pero que dejan el corazón en la frialdad, la sequedad y la inacción."

"La humildad y la mortificación pintadas en su rostro interesaban tanto como sus palabras y volvían sus discursos más persuasivos."

- P. Laurent Chatrian, contemporáneo de Moye


"El P. Moye llevaba a todo el mundo a la penitencia, y él daba el primer ejemplo."

"La gracia ha dejado entrever, a través de su seriedad constante y de su severidad al menos aparente, un buen corazón."

- P. Jacques Louyot, discípulo muy querido de Moye


"Su apellido es como la definición de su ser: en el francés antiguo, conservado en su patois lorenés, Moyë significa 'el corazón tierno de la piedra'."

"Sus sueños, las palabras que le eran dichas, sus atracciones profundas, las circunstancias exteriores, todo era interpretado por Juan Martín Moye a un nivel muy alto, a un nivel providencial, y fortificaba esa actitud radical de santidad que llevaba en él como un tormento."

"El santo es el verdadero amo de la historia, pues es él quien cambia el corazón de quienes hacen la historia."

- Hna. Marie Agnès Kernel, biógrafa constante de Moye

Hitos biográficos
____________________

1730
27 de enero: nacimiento en Cutting, Lorena, sexto de trece hijos.

1747
Ingresa a la Universidad de Estrasburgo.

1754
Ordenación de sacerdote.
Vicario en Metz, en las parroquias de S. Victor, S. Livier, S. Croix.

1762
Fundación de la primera escuela rural en Vigy-Béfey, a cargo de Marguerite Lecomte,
primera Hermana de la Providencia.

1765
Vicario en Dieuze. Escribe el 'Proyecto de las Escuelas' y la 'Vida del Padre Jobal'.
Encuentro con Marie Morel, quien será la primera Superiora de las Hermanas de la Providencia.

1766
Dirección del Seminario de S. Dié.
Escribe la 'Colección de Diversas Prácticas de Piedad' y el 'Dogma de la Gracia'. Predica misiones.

1768
Se presenta al seminario de Misiones Extranjeras de París.

1771-73
En diciembre de 1771 parte para China, permanece un tiempo en Isla Mauricio,
en septiembre de 1772 llega a Macao, y en marzo de 1773 llega a Sut-Chuen, su diócesis.
En 1772, por intermedio del padre A. Raulin, funda el Noviciado de S. Dié.

1774
Encarcelamiento.

1777
Persecución.
Sínodo de Tchen-Tou-Fou.

1777-79
Sequía, peste, hambre en China.

1780
Escribe un libro de 'Oraciones al Señor del Cielo' en chino.
Organización de las institutoras o 'vírgenes chinas'.

1783
Sale de China.

1771-84
Correspondencia, en ella 13 'Cartas a las Hermanas' y 'Relatos'.

1784
Llega a París.

1785
Escribe 'Historia de las Hermanas'.
Fundación del Noviciado de Cutting.

1784-86
Escribe 'Anuncios a las Hermanas'.

1787
Funda el noviciado de Essegney en compañía del padre Galland.

1789
Comienza la Revolución en Francia.

1792
Parte en exilio para Tréveris, Alemania.

1793
4 de mayo: muere en Tréveris, a los 63 años de edad.

1954
Beatificado por Pío XII.

Retrato de Juan Martín Moye

Georges Tavard



Portrait de Jean-Martin Moye
Publicaciones Providencia, Cali, Colombia, 2005
Traducción: S. Betancur



Contenido

Presentación
Introducción
1. Juan Martín Moye en Lorena
2. Las Fuentes
3. Juan Martín Moye en China
4. Los Últimos Años
5. La Doctrina
6. La Mística
7. Perspectivas
Epílogo
Anexos
Bibliografía


Presentación

La descripción de Juan Martín Moye que hace el padre Georges Tavard en la presente obra, es una precisa síntesis espiritual de nuestro fundador.

Pasajes llenos de riqueza abundan en el libro. Algunos:

"Conducir las almas a Dios por medio de Cristo, era conducirlas hasta donde Juan Martín mismo aspiraba estar, y donde sólo podía estar por medio de la gracia divina. La Providencia del Padre era real para él, y él se sentía seguro en sus manos."

"Recomienda, como lo practica él mismo, un modo de vivir según la fe, con rectitud de intención y pureza de afecto. Este modo de vivir no es otro que el abandono total de sí mismo en la divina Providencia. El fin último del abandono es que todas nuestras acciones sean hechas según Dios, o dicho de otra manera, que Dios mismo las haga por nosotros."

"Animado por el Espíritu a avanzar más lejos en el desprendimiento, procedió a una simplificación de su vida. Y recomendaba entonces la 'simplificación', teniendo muy presente que la simplificación en las actividades exteriores debe reflejar y sostener una simplificación interior. '¿Para qué? Para ser libres de espíritu y de corazón'."

"Moye conocía bien la pobreza que es una virtud. Esta tiene un lado material que puede ser voluntario, es decir aceptado, incluso escogido. Compartir en la medida de lo posible la suerte de los indigentes es entonces un acto que está lleno de amor al prójimo. Pero ante todo existe una pobreza espiritual que es un bien, y que consiste en no reconocerse mérito o talento alguno, y en entregarse por entero en la vida espiritual al poder de la gracia de Dios y a su providencia. Esta pobreza espiritual está en el centro de las preocupaciones íntimas de Juan Martín Moye."

Además, el autor analiza las representaciones físicas que existen de Juan Martín, y concluye que ninguna de ellas – retrato o estatua – es auténtica. También habla de su tumba, que se sabe dónde se encuentra, pero que no ha podido ser hallada.

Utilizando tecnología de localización subterránea disponible hoy, tal vez sea posible ubicar los restos mortales de JM Moye. Entonces, aplicando técnicas recientes de reconstrucción de rostros a partir del cráneo, será posible saber con bastante exactitud cómo era físicamente el padre Moye a los 63 años. Y así, su retrato quedaría completo.

Georges Tavard: "El padre Moye no deseaba honores. No esperaba reconocimiento de los seres humanos ni elogios de parte de la Iglesia."

JM Moye, en carta a su amigo el padre Mathieu: "No pido un lugar muy alto en el cielo, sólo pido el último estar detrás de la puerta, en un pequeño rincón, en una pequeña grieta, desde donde contemplar la felicidad de los santos y escuchar su alegría "

Retomando palabras de Malraux, la tumba de Juan Martín Moye es el corazón de sus hijas espirituales - las Hermanas de la Providencia.


Hna. Esperanza Uribe Vallejo
Directora de Publicaciones
Hermanas de la Providencia y de la Inmaculada Concepción,
Provincia Colombia-Perú


Introducción

Hijo de un granjero, sacerdote en la diócesis de Metz, fundador de las Hermanas de la Providencia en Lorena, miembro de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, misionero en China durante diez años, exiliado por la Revolución, Juan Martín Moye fue beatificado por Pío XII en 1954. Personaje controvertido, fue acusado de jansenismo por una parte de la burguesía de Metz, y en 1767 fue puesto en entredicho en la ciudad de Dieuze por su obispo, el cardenal Louis de Montmorency-Laval.

Admitido más tarde en la Sociedad de Misiones Extranjeras, se hizo misionero en el sudeste de China, de donde regresó después de diez años a causa de un profundo desacuerdo con un colega misionero que llegaría a ser obispo. Iniciador de la educacsión de los niños en las aldeas abandonadas de los alrededores de Metz, inspiró voluntarias que se convirtieron en la Hermanas de la Providencia. Escritor espiritual en el movimiento de la Escuela Francesa del cardenal de Bérulle, Juan Martín Moye pertenece al importante grupo de religiosos que situaron el abandono en la divina providencia en el centro de la vida interior del cristiano. Autor de obras de teología y de piedad publicadas durante su vida, sin embargo sigue siendo poco conocido por el público.

Presentamos aquí un retrato rápido de ese personaje del siglo 18 que interesa a la historia de la Iglesia y de la espiritualidad tanto como a la historia de Lorena y de las misiones cristianas en China. Este retrato debería ser a la vez una iniciación y una invitación. Queriendo iniciar a sus lectores en la vida, el pensamiento y la experiencia de Juan Martín, no pretende reemplazar la gran biografía del misionero publicada por el padre Marchal en 1872 ni ninguno de los trabajos citados en la bibliografía, y mucho menos la lectura directa de sus escritos. Este retrato quiere ser precisamente una invitación a leer las obras de JM Moye, lectura que está ahora al alcance de todo el mundo, pues se puede leer una buena parte de sus escritos en francés (algunos escritos, dirigidos a la Santa Sede están en latín, otros en chino) visitando el sitio Internet moye.chez.tiscali.fr/index.html

El capítulo 1 cuenta la vida de Juan Martín hasta su partida para el Extremo Oriente el 30 de diciembre de 1771, a una edad bastante avanzada para alistarse en la misión lejana: 41 años. Los capítulos siguientes tratan de: las fuentes de su pensamiento (cap. 2); su apostolado en China y su regreso hasta su desembarque en Lorient el 20 de mayo de 1874 (cap. 3); sus nuevos trabajos apostólicos en Lorena, y durante la Revolución su resistencia a la Constitución Civil del Clero, hasta su muerte en exilio en Tréveris, el 4 de agosto de 1793 (cap. 4). Los últimos capítulos examinan la doctrina de Juan Martín Moye (cap. 5), su experiencia espiritual (cap. 6), y finalmente algunos aspectos de la imagen que ha sido transmitida de él, en particular por los retratos que lo representan, ninguno de los cuales es absolutamente auténtico (cap. 7).


Reseña histórica

San Efrén (306-373) dice:

Tú y tu Madre sois los únicos que en todo aspecto sois perfectamente hermosos; pues en Ti, Señor, no hay mancilla, ni mácula en tu Madre.
San Efrén, Carmina Nisib. 27color

Otros padres que dan similares alabanzas a María son san Justino, san Ireneo, san Efrén, san Ambrosio y san Agustín.

La idea de María como antítesis de Eva era común y muy desarrollada por los Padres de la Iglesia en los inicios del cristianismo. Igual que una mujer, Eva, había sido la causa de la perdición del género humano, María era causa de la salud al ser la madre del Redentor.

Desde el siglo V existía ya una fiesta a la concepción de santa Ana, fiesta que se inicia en el oriente griego difundiéndose por Italia meridional (en el Siglo VII), Irlanda (desde el siglo IX) e Inglaterra (desde el siglo XI). Durante los siglos XII y XIV surgieron diversas controversias o debates teológicos sobre este asunto. Los papas Sixto IV y Alejandro VII, entre otros, prohibieron las enseñanzas contrarias a la doctrina de la Inmaculada Concepción. El movimiento inmaculista alcanzó gran pujanza durante las edades Media y Moderna gracias a los franciscanos, grandes devotos y propagadores de esta advocación mariana.

La creencia piadosa en la Inmaculada Concepción arraigó especialmente en España. Numerosos templos, capillas, ermitas y monumentos le fueron dedicados, y fue nombrada patrona del reino por Carlos III, quien además creó la Orden de Carlos III en su honor.

La doctrina fue definitivamente definida como dogma de fe y por tanto revestida de los caracteres de infalibilidad e inmutabilidad el día 8 de diciembre de 1854, en la bula Ineffabilis Deus del papa Pío IX. Desde entonces el día 8 de diciembre ha quedado como fecha de la fiesta de la Inmaculada Concepción en toda la Iglesia Católica.

Especial relación con la Inmaculada tienen las apariciones de Lourdes. Bernadette Soubirous declaró que la Virgen María, al ser interpelada sobre su nombre, dijo: Yo soy la Inmaculada Concepción. Usualmente se representa la imagen de esta advocación de Lourdes con una banda azul celeste, color inmaculista, ciñéndole la cintura.

[editar] Definición dogmática

La definición contenida en la bula Ineffabilis Deus, de 8 de diciembre de 1854, es del tenor literal siguiente:

...Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón lo que por Nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho
" Bula Ineffabilis Deus"'[1]

Como dato histórico el historiador y catedrático francés Louis Baunard narra lo siguiente: Pío IX contemplando el mar agitado de Gaeta escuchó y meditó las palabras del Cardenal Luigi Lambruschini: 'Beatísimo Padre, Usted no podrá curar el mundo sino con la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Solo esta definición dogmática podrá restablecer el sentido de las verdades cristianas y retraer las inteligencias de las sendas del naturalismo en las que se pierden'.


El historiador Francesco Guglieta, experto en la vida de Pío IX, señala que el tema del naturalismo, que despreciaba toda verdad sobrenatural, podría considerarse como la cuestión de fondo que impulsó al Papa a la proclamación del dogma: La afirmación de la Concepción Inmaculada de la Virgen ponía sólidas bases para afirmar y consolidar la certeza de la primacía de la gracia y de la obra de la Providencia en la vida de los hombres. Guglieta señala que Pío IX, pese a su entusiasmo, acogió la idea de realizar una consulta con el episcopado mundial, que expresó su parecer positivo, y llevó finalmente a la proclamación del dogma.

LA CONGREGACIÓN DE HERMANAS DE LA PROVIDENCIA

Fue establecida en 1762 por un sacerdote: JUAN MARTIN MOYE,
De la diócesis de Metz par ala instrucción de las niñas en los campos.
El propósito primario de este instituto es instruir a los niños pobres de las aldeas en Religión, lectura, escritura y aritmética; impartirles principios del tipo de trabajo necesario para la vida del capo; socorrer a la clase indigente, tanto como ellas puedan y proveer asistencia y remedios a los enfermos… Las Hermanas no tenían una fuente de ingresos fija…”


Beato Juan Martín Moyé

Fundador de las hermanas de la providencia, de Lorena, y de las Catequistas, de China, el beato Juan Martín Moyé nació en 1730 en Cuttin (Francia), de una piadosa familia de labradores. Los primeros estudios los realizó con los jesuitas, y más tarde cursó teología en la ciudad de Metz y recibió las sagradas órdenes.

Después de ejercer en algunas parroquias de esa ciudad, resolvió fundar una congregación de religiosas, a las que llamó hermanas de la providencia, cuya ocupación sería la salvación de los niños pobres. La fundación se inauguró a comienzos de 1763 y el éxito la acompañó desde el primer momento.

Nombrado vicario cooperador de Dieuze, reunió nuevas catequistas. Entre éstas sobresalió María Morel, quien, por su indicación, fundó varias escuelas. En este período realizó un milagro, al curar mediante la oración a un niño afectado por gravísimas quemaduras, lo que le valió ciertas críticas y suspicacias, y la orden del párroco de trasladarse a otra ciudad.

En Saint-Dié ejerció como director de un seminario. Un año después, se inscribió en el de las misiones extranjeras, con el propósito de predicar el evangelio en tierras lejanas.

En 1771 partió hacia Oriente, y casi un año después desembarcó en Macao (China). Para poder llegar hasta el lugar que le habían asignado debió disfrazarse, por estar prohibida la entrada de misioneros en el país. En marzo de 1773 estaba en Se-Choan, con el nombramiento del provicario. Pronto dominó el chino.

Resuelto a emplear el método que tantas satisfacciones le diera en Lorena, reclutó a algunas jóvenes chinas y fundó con ellas escuelas para niños, a los que se debía enseñar el catecismo y las verdades fundamentales de la fe. Tuvo tan magníficos resultados que misioneros de otras partes del país le pidieron el envío de algunas de aquellas catequistas para formar otras en su región.

Estos fatigosos trabajos y el deterioro de su organismo, debido a la alimentación china, hicieron que pensara regresar a Francia.

Volvió a Lorena. Las hermanas de la providencia habían tenido gran éxito con las escuelas, cuyo número había ido en aumento. Como fundador, se incorporó a ellas para dirigirlas y creó en Cuttin un nuevo noviciado. Su pueblo natal sería en adelante centro de sus salidas misionales a diversas poblaciones, en algunas de las cuales se hablaba alemán.

Mientras tanto, el padre Moyé mantuvo una activa relación epistolar con las misiones de China, a las que hacía llegar todos los recursos a su alcance. Practicaba la caridad con los pobres y los enfermos, a los que visitaba en los hospitales. En tal actividad contrajo una enfermedad que lo habría de llevar a la muerte, lo que ocurrió el 4 de mayo de 1793.

LA INMACULADA UNA INSTITUCIÓN DE VALORES,EDUCACIÓN RESPETO SU FUNDADOR ES JUAN MARIN MOYE LA RECTORA DE LA INMACULADA SOR MARCIA OBANDO DÍAZ

SANDRO STEPHANO SOLORZANO BARRETO. Tema Viajes. Imágenes del tema: merrymoonmary. Con la tecnología de Blogger.